Bienvenidos

Somos las decisiones que tomamos, el trago de elegimos beber, las lágrimas que queremos soltar, las cadenas que aceptamos tener y las letras que decidimos juntar.

Somos humanos vulnerables, somos una existencia efímera, somos un detalle al pasar. Sin embargo luchamos, contra todo pronóstico, para convertirnos en un coctel de letras y vodka en la mesa del universo.

Queremos ser ínfimamente grandes. Queremos estar por siempre.

O casi.
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Deriva

 

En cuanto abre la puerta, la imagen de su comedor se le presenta como un retrato de todas sus derrotas profesionales. El imponente cuadro de la pared de frente le da una lúgubre bienvenida y el cielo sin estrellas de su lienzo parece continuar en las pinturas colgadas a ambos lados: dos cuadros horizontales del mar profundo con tres tonos de azul que se muestran como brazos que lo apartan del triunfo y lo ahogan en una desesperación avasallante y una soledad a la que, tristemente, está acostumbrado.

La imagen jerarquizada moderna



La imagen personal habla por nosotros en todos los aspectos y en todos los cargos, mucho más si estamos inmersos en el ámbito de atención al público. Somos la cara visible de la compañía y tenemos que dar una imagen inclinada a la responsabilidad y a la resolución de inquietudes y problemas; las normas de pulcritud se mantienen perennes y las reglas del juego, básicamente, se centran en marcar la diferencia entre la competencia y la empresa en la que uno trabaja. El 93% de la primera impresión, por ejemplo, depende de la imagen, mientras que solamente el 7% depende de lo que decimos. Es entendible, la forma en la que nos ven define el modo en el que nos tratan. Absolutamente lógico, perfectamente racional.

Pero... ¿completamente válido? ¿Somos lo que nos ven sin contar las aptitudes y habilidades?