Bienvenidos

Somos las decisiones que tomamos, el trago de elegimos beber, las lágrimas que queremos soltar, las cadenas que aceptamos tener y las letras que decidimos juntar.

Somos humanos vulnerables, somos una existencia efímera, somos un detalle al pasar. Sin embargo luchamos, contra todo pronóstico, para convertirnos en un coctel de letras y vodka en la mesa del universo.

Queremos ser ínfimamente grandes. Queremos estar por siempre.

O casi.

Paso a paso





El universo es muy complicado, redacta, aunque sabe que lo va a borrar. 

Le parece una idea un tanto patética. Sí, todos sabemos que el universo es complicado, pero el que piensa que comprenderlo es la tarea más difícil nunca probó con hacer un libro sobre algo que no entiende.


La hoja en blanco debajo de su mano la impacienta. Quiere hacer el borrador, pero nada de lo que tiene que escribir está ordenado en su cabeza. Ni siquiera sabe si lo que sabe está bien. Cómo hacer una novela sobre dimensiones paralelas y religiones es una gran incógnita para ella ¿De qué forma va a cumplir el encargo que le hicieron si no sabe ni de qué trata la teoría de los multiversos? 

Choca el lápiz con la hoja durante veinte minutos y luego se distrae mirando todo lo que la rodea otros veinte minutos más. Luego entiende que de eso no se trata escribir y que no le van a pagar por tiempo de ocio. Tiene que poner manos a la obra y comenzar. 

Y ahí se da cuenta de que el problema es justamente ese: no entiende. 

No sabe. Jamás se preocupó por saber. Jamás creyó que tendría que entender sobre religión y física cuántica para que le paguen. 

Lee los apuntes que alguna vez estudió para ver si milagrosamente emerge de los cuadernillos de la carrera de Redacción de Textos alguna fantástica solución a sus problemas. Relee. Subraya. Vuelve a leer. 

Vuelve a subrayar 

Y no funciona. 

Se acuerda de esa película, la del chico que lo pica un insecto y de repente hay seis personas con la misma habilidad que él, pero que vienen de otras dimensiones que coexisten al mismo tiempo. ¿Qué tienen en común todos ellos? Son todos víctimas de un pasado doloroso y esclavos de un futuro incierto. La película entera se basa en que el protagonista libere su potencial y los ayude a volver a sus mundos. 

Eso tiene que hacer. Encontrar un punto en común que una toda la novela. 

Abre Youtube y mira todos los videos de multiversos habidos y por haber. Muchos colores raros y paradojas de Schrödinger con gatos encerrados en cajas. Demasiado extraño, le gusta. 

Al final no era tan aburrido como ella lo pensaba. Hay tantas realidades paralelas como granos de arena de una playa. 

Abre Netflix y mira series sobre el tema. Termina viendo una temporada entera de una en la que viajan en el tiempo y los personajes tienen versiones del futuro viviendo en el presente –que a la vez no es tan presente, pues es un futuro cercano– y une algunas piezas más. 

Las realidades coexisten y pueden entrecruzarse si algo raro ocurre. 

Lee sobre el tema, aunque muy por arriba, porque no quiere atosigarse y perder el hilo de su búsqueda. Anota en una hoja los conceptos principales y también palabras que podrían llegar a servirle de puntapié. Toma nota sobre lo que puede ser realmente nutritivo para el desarrollo y además de lo que le puede servir de base para el inicio. Algo que ahora le llama ligeramente la atención le puede servir como detalle o elemento de color para después: nada se deshecha de la lista de posibles. Nada se pierde, todo se transforma. 

Agrega palabras al lado de cada punto que hizo en su borrador. Relaciona un eje con otro, busca un denominador común sobre el cual pueda desarrollar toda la trama. Y la cabeza le hace clic. 

¿Y si los universos están regidos por diferentes religiones, donde cada plano tiene un equipo de dioses o entidades superiores de diferentes creencias que guían el curso de la vida? 

Le toca averiguar más sobre otras creencias, por lo que toma otra hoja y encamina la búsqueda por otro camino, más teológico. 

Lee, mira, investiga y toma nota. Nombres y características de diferentes deidades de diversas religiones: católicas, griegas, egipcias, romanas, hinduistas, regionales de su país, de otros, incluso sobre aquello a lo que se aferra el que casi no cree en nada. Todo le sirve y todo se anota 

Sin darse cuenta, pasó medio día viendo series, leyendo y anotando. Y su cerebro está más preparado para hacer algo un poco más productivo que divagar. Se toma un descanso para comer algo, despejar su mente y vuelve con más energía. Toma la hoja en blanco y empieza a unir conceptos de los dos apuntes. Quizás este dios se relacione con este plano de la tierra… sí. Tal vez este puede encargarse de los portales interdimensionales… no. ¡Pero ese de ahí sí! 

Y va haciendo un árbol de palabras. Un extenso cúmulo de palabras relacionadas entre sí que se superponen para entretejer algo más complicado, la historia de una chica que tiene que encontrar la forma de lograr que los dioses no traspasen las fronteras que les corresponden. 

Sin querer, tiene en su poder el eje temático de la novela. 

La escribe en el centro y alrededor hace un reborde de ideas que la atacan y que la llenan de nuevos problemas en la trama que tiene que solucionar, lo que le da lugar a otras subtramas que alimentan la trama principal, pero que tienen la independencia suficiente como para no consistir en un punto aislado del relato. 

Un personaje en cada dimensión, una forma de comunicación entre ellos, un conflicto que tienen que solucionar cada uno por su cuenta para que la totalidad de los universos no se fraccione y termine hecho polvo y cenizas. Lo tiene todo. 

Los universos a su merced claman por ser escritos. 

El universo es muy complicado, redacta. 

Con todo lo que sabe, ya no le parece una idea tan mala comenzar de esa forma la novela.



El texto anterior respondía a la consiga de un trabajo práctico que consistía en contar la historia de una muchacha que quiere escribir una novela y describir, además, los preparativos antes de comenzar con la tarea de redacción





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